viernes, 11 de octubre de 2013

NO HAY QUE RENDIRSE


Siempre decimos que hay que luchar hasta el final. ¿Pero realmente creemos eso? Es decir ¿estamos verdaderamente convencidos de que nuestra lucha vale la pena? Esta pregunta es muy importante a la hora de evaluar nuestras acciones y sus causas, porque quien está auténticamente convencido de los ideales que le impulsan a actuar sabe qué camino está tomando y qué consecuencias le acarreará, por lo cual de antemano sabe que cualquier percance que le ocurra durante la jornada no es más que un breve intermedio en la consecución de sus objetivos. En enero de 1824, cuando El Libertador Simón Bolívar se hallaba enfermo de cuidado en Pativilca, en la costa del Perú, fue a visitarlo el embajador neogranadino Joaquín Mosquera, quien le describió la situación reinante en las filas del ejército patriota (la guarnición del Callao se había pasado a los realistas) y la fuerza bélica que le aguardaba (veintidós mil españoles excelentemente apertrechados y con la experiencia de las guerras napoleónicas). Ante tantas dificultades, su indomable espíritu se manifestó y a la pregunta de Mosquera "¿Qué piensa hacer usted, general?", respondió tajante "¡Triunfar!". Este es uno de los innumerables ejemplos de personas cuyo ideal les impulsa a luchar sin desmayo para alcanzar el éxito contra todo pronóstico. Por eso, cada vez que la duda y el desánimo quieran apoderarse de nuestro ser, recordemos los objetivos que nos hemos trazado y las metas que queremos alcanzar y así renovaremos fuerzas para continuar la lucha.

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