A veces nuestras fuerzas no bastan para seguir adelante en el camino. Cedemos al cansancio, a la duda, a la angustia y no llegamos a la mitad del camino siquiera. Sin embargo, cuando pedimos a Dios en oración, con fe y esperanza, que nos ayude a cumplir la jornada, nos llenamos de fuerza y logramos nuestro cometido. No es fácil, pero podemos lograrlo a diario. Sólo basta un poco de amor y dedicación.
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